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TRUFICULTURA - LA PLANTACIÓN Y LOS PRIMEROS AÑOS DE VIDA

Pretendemos con este artículo dar unas pautas claras para sacar la planta adelante tras la plantación, también algunos consejos en relación a la preparación de la parcela y la plantación propiamente dicha.

-         Previo a la plantación

-       La  plantación propiamente dicha

-         El protector

-         Los tres primeros años

Previo a la plantación

El análisis físico-químico de una muestra de tierra de la parcela a plantar es necesario prácticamente en todas las ocasiones (ver en esta sección como recoger adecuadamente la muestra en “Estudio previo. Análisis de suelo”). Aún en la seguridad de que el terreno sea válido, conocer por ejemplo la textura del suelo nos puede ayudar en la elección de la especie forestal a utilizar como soporte de la trufa. Dentro de una misma parcela podemos encontrarnos con relativa frecuencia tipos de terrenos diferentes (composición química y textura diferentes). La experiencia de todos los años que llevamos trabajando en truficultura nos indica que la encina (especie forestal más utilizada) no conviene en suelos arcillosos, son suelos más o menos compactos donde la aireación no es óptima y la encina se resiente en su desarrollo. Para estos suelos será interesante la utilización del roble carrasqueño, también llamado quejigo. El roble-quejigo presenta una mayor plasticidad en relación con las posibles texturas del suelo.

En un análisis para truficultura convendrá conocer los siguientes parámetros (PH, Materia Orgánica, Textura, Carbonatos, Caliza activa, Nitrógeno, C/N).

En función de los resultados del análisis es posible que convenga algún tipo de actuación sobre el terreno, no es lo común, pero a veces un PH algo bajo puede precisar de alguna enmienda calcárea, una relación C/N excesivamente alta de un trabajo del suelo para favorecer la evolución de la materia orgánica, etc. Actualmente también se está observando que un  PH alto del suelo, por encima de 8.2, puede dificultar el inicio de la producción, aunque la trufa este bien instalada y forme buenos quemados. En este caso una pequeña acidificación del medio (con azufre por ejemplo) puede dar buenos resultados. Mejor todavía es la apertura de pozos enterrando una mezcla de materia orgánica con un PH en torno a 7- 7.5 (ver “Un microclima para la trufa” en esta misma sección).

Si el terreno a plantar es un terreno forestal debemos respetar un periodo conveniente de uno o dos años (retirar la masa forestal, labrar o desfondar y sembrar una o dos cosechas de cereal), con esta medida pretendemos limpiar el suelo de posibles propagulos de otros hongos (esporas, micorrizas, micelios, etc)  que podrían instalarse en la raíz de las plántulas micorrizadas, sustituyendo las micorrizas de trufa.

Si el terreno a plantar está rodeado de bosque y las raíces de los árboles entran dentro de nuestra parcela será necesario minimizar al máximo la influencia de estas raíces sobre nuestro terreno. Podemos realizar un subsolado profundo en todo el margen de la parcela para romper raíces, repitiendo esta operación cada dos o tres años, el mayor inconveniente no es que puedan competir por la humedad del suelo con las jóvenes plantas de trufa, que lo hacen, sino que puedan trasladar micorrizas de otros hongos naturales del entorno, distintos a la trufa, a las raíces de las plantas truferas. También puede suceder lo contrario, es decir, que estos árboles adultos adquieran las micorrizas de trufa desde los jóvenes árboles plantados y produzcan trufas, pero arriesgarnos a que esta posibilidad suceda no parece lo conveniente.

Si es un terreno agrícola (cereal, leguminosas, frutales, olivos, vid, etc) no es necesario realizar un cultivo intermedio para minimizar o eliminar en lo posible la flora fúngica del medio.

La preparación previa a la plantación conlleva un trabajo profundo del suelo (arado, discos, subsolador, etc), podremos en caso de utilizar el subsolador dar un segundo pase cruzado. Esta labor conviene realizarla algún mes previo a la plantación. Por ejemplo si la plantación se hace en otoño, la primavera o el verano anterior sería un buen momento para darla, y si es a salidas de invierno o primavera, el otoño o el invierno anterior. Antes de plantar, un pase o dos de cultivador dejaran el terreno preparado para recibir las plantas.

Los primeros años de vida de la plantación de trufa son los más importantes.

Hay situaciones que se plantea la duda de respetar plantas adultas existentes en la parcela, en este caso estaba claro lo que convenía ya que la encina adulta en cuestión  produce trufas.

Una buena preparación del terreno es indispensable para el cultivo de la trufa.

La preparación del terreno (laboreo profundo y pase de cultivador) es lo común y conveniente previo a plantar.

La plantación propiamente dicha.

Previamente a plantar debemos tener claro qué marco de plantación vamos a hacer, es decir, que distancia vamos a guardar entre plantas en las filas y entre una fila y otra. No existe el marco ideal, sea el que sea habrá  puntos más favorables y otros no tanto. Es importante poder pasar con el tractor entre las filas o incluso  en ambos sentidos, por lo que las distancias entre las plantas deben permitirlo.

Se pueden utilizar marcos reales, son aquellos que ambas distancias son iguales, (4 x 4, 5 x 5, 6 x 6, incluso 7 x 7), la utilización de estos marcos facilita mucho el trabajo cruzado del suelo con tractor. Marcos al tresbolillo, se trata de plantar una fila y la siguiente iniciarla situando la primera planta en el centro geométrico de las dos primeras de la anterior fila. Lógicamente todas las plantas de la nueva fila quedaran situadas en la misma posición (intermediadas) con respecto a la fila anterior, la siguiente fila tendrá la misma situación con respecto a la anterior, etc. Con el tresbolillo se consigue una óptima utilización del terreno. Últimamente se vienen utilizando, con buen criterio, marcos que ensanchan más las calles y se acercan más las plantas dentro de la fila, por ejemplo 6 x 4,  7 x 3, 7 x 4, 8 x 3, etc. La finalidad de esta distribución es favorecer una más temprana entrada en producción y una buena insolación de las calles.

Plantación de árboles micorrizados para el cultivo de la trufa.

El trabajo de la calles entre filas es lo recomendable durante los 4-6 años. En esta plantación la distancia entre plantas dentro de la fila es de unos 2 metros, por lo que solo se trabajan las calles entre filas.

Para favorecer la insolación orientaremos la fila en sentido norte-sur, siempre que la forma de la parcela lo permita. Una mayor densidad de plantas de partida favorece una implantación más rápida del hongo en el suelo, lo que puede permitir alcanzar  antes una masa crítica de micelio que provoque un inicio de la producción más temprana. De este modo, partir de una densidad alta de plantas siempre es favorable para adelantar la producción, sin embargo el coste inicial de la plantación será mayor. En este planteamiento debemos preveer una poda adecuada, incluso a una cierta edad no descartar la posibilidad de eliminar pies de la plantación para mantener los espacios abiertos y una buena insolación del suelo de la trufera, exigencia necesaria para esta especie. Un marco amplio conlleva menor inversión de inicio, y una menor poda, por el contrario la producción inicial será menor y llegara más tarde.

Densidades entre 250 y 400 plantas/ha es bastante frecuente realizar. Densidades mayores pueden ser muy interesantes  (por ej. 400-800 plantas/ha) de cara a una pronta producción y a un mayor rendimiento inicial, sin embargo, no suelen realizarse por el coste inicial de la plantación.

Decidido el marco de plantación, conviene marcar la ubicación exacta de las plantas (palos, hierros, cañas, yeso, spray, etc) y disponernos a realizar la plantación propiamente dicha. La planta, salvo excepciones, la presentamos en un cartucho de plástico de 450 cc,  que se despliega sin producir ningún daño al cepellón ni a las raíces. Es suficiente en el momento de plantar realizar un hoyo en la tierra trabajada que permita introducir el cepellón completamente y a continuación envolverlo con tierra, es importante que el cepellón quede completamente enterrado. Suele pisarse alrededor de la planta para compactar y cerrar los poros del suelo y realizar un pequeño alcorque que nos facilite la retención de agua. Siempre es interesante regar al plantar, incluso aunque haya buena sazón en el terreno, pues un riego de unos cinco litros por planta favorece la compactación del terreno con el cepellón. No es necesario hacerlo inmediatamente tras plantar, podemos esperar un plazo razonable de ocho-diez días y si nos llueve en este tiempo nos excusaremos el trabajo de regar.

Las épocas favorables para realizar la plantación van desde octubre a mayo, incluidos ambos meses. Pensemos que se trata de una planta con cepellón y que más que plantar lo que hacemos es trasplantar del envase al terreno definitivo. El momento más o menos favorable dependerá del lugar (altitud, riesgo mayor o menor de hielos fuertes en las fechas de la plantación, la humedad del terreno, la disponibilidad de tiempo si la realizamos nosotros mismos, etc). Las plantaciones de otoño temprano, octubre y noviembre, por lo general van mejor (tienen menos bajas a igualdad de apoyo) que las realizadas a principios de primavera. No obstante en ubicaciones de la plantación por encima de los 1000-1100 m, hay quien prefiere plantar a partir de febrero por las posibles heladas severas del invierno, no obstante, la experiencia nos dice que salvo plantaciones por encima de los 1200 m, utilizando el protector (protege la planta en invierno y genera un ambiente más favorable en verano) el porcentaje de arraigo es muy bueno en plantaciones realizadas en otoño.

En situaciones de altitud media (600-1000 m) las plantaciones de otoño con protector van muy bien. A menor altitud y menor riesgo de fuertes heladas es más favorable la plantación del otoño. Una planta puesta entre el 15 de octubre y mitad de diciembre, inicia el crecimiento de la raíz antes de que lleguen los posibles fríos fuertes del invierno, por lo que el primer verano, periodo critico para la joven planta, estará mas asentada en el terreno y por tanto con más posibilidades de salir airosa de los calores y las sequías del estío.

El protector

Se trata por lo general de un tubo cilíndrico de plástico abierto por ambos extremos que colocamos una vez que la planta se ha puesto en campo, quedando ésta en el interior de dicho tubo. En invierno la protege de los fríos y en verano amortigua el efecto del calor, generándose un ambiente más favorable para la planta en su interior. 

No  todos tienen la misma incidencia favorable sobre la planta micorrizada, creemos que el protector conviene que sea de una altura determinada, no más de 40 cm, y mantenerlo en campo aproximadamente un año, máximo año y medio,  tras realizar la plantación. Si hemos plantado en otoño podemos retirarlo hacia octubre del año siguiente, nos interesa que la planta pase el próximo invierno sin el protector, pero es importante sacarlo previamente para que la planta vaya adaptándose paulatinamente al frío, si decidimos mantenerlo no debería ser hasta más allá de marzo-abril. Si plantamos en febrero-abril podemos retirarlo la primavera siguiente, por ejemplo en abril del siguiente año, también antes de la llegada del verano, o como muy tarde octubre.  La función del protector como su nombre indica es proteger la planta para favorecer su arraigo. Siempre hay alguna planta que queda pequeña o que inicia más tardíamente el crecimiento, puede ser interesante en este caso dejar una año más el protector, si aún así no desarrolla convenientemente podemos plantearnos  sustituirla.

Protectores utilizados para proteger el árbol micorrizado en los primeros años.

El protector es un buen apoyo para el arraigo de la joven planta. Tanto protege del frió en invierno como del calor en verano, su uso se justifica un año máximo dos.

El protector que proporcionamos  con la planta, tiene unas características  determinadas, seleccionadas  tras el uso y observación de diferentes modelos, en los que no solo hemos valorado la supervivencia y el desarrollo de la planta, sino también factores que pueden afectar al mantenimiento de las micorrizas de trufa en la raíz de la planta.

Los tres primeros años de la plantación

La plantación ya está realizada, ahora tenemos por delante la tarea de cuidar convenientemente la planta, inicialmente para que arraigue y seguidamente para que inicie un desarrollo equilibrado con el fin de que produzca trufas lo más rápidamente posible. Podríamos estar hablando de una primera fase  inicial de unos tres años, y es muy  importante empezar bien la andadura de la plantación.

El primer año, y en concreto el primer verano, será con creces el que más atención necesita la planta. Las lluvias de primavera favorecerán, sin duda, la salida de hierbas, según la necesidad de cada caso, habrá que hacer escardas alrededor de la joven planta para eliminar la competencia con la planta. Esta tarea la realizaremos las veces que sea necesario de forma manual (de una a tres veces es lo común), con una azada pequeña. Mantener limpio de hierbas el entorno inmediato de la planta es muy importante en estos primeros meses. Llegado el verano será el momento de vigilar la posible necesidad de riego, por lo general también de uno a tres riegos suelen precisar, dependiendo de las lluvias o tormentas que puedan presentarse. El verano es el periodo más crítico para la plantación que hemos realizado los meses anteriores, sin duda, vigilar desde principios de julio hasta mitad de septiembre y regar si lo consideramos necesario será el apoyo más importante en este periodo. Según la naturaleza del suelo, tras las lluvias o los riegos, al secarse la capa superficial puede formar una costra que impide una buena aireación del suelo, debemos romper esta costra con una azada o similar, podemos hacerlo los días siguientes a las lluvias o el riego. El riego lo localizaremos en la base del protector, incluso es común localizar el agua dentro del protector, normalmente a cada planta se le hace un pequeño alcorque que retiene el agua  de riego, inclusive la de la lluvia natural. En cada riego podemos emplear entre cinco y diez litros de agua por planta. Al poner el protector es interesante aportar tierra desde fuera contra el protector, creando un pequeño montículo contra el protector, si hacemos esto, el alcorque de cada planta deberá ser un poco mayor.

A lo largo de estos primeros meses es común que se pase durante la primavera el cultivador o grada entre filas para impedir que los pasillos se llenen de hierba, es factible realizarlo varias veces dependiendo de la necesidad de cada caso, otra opción que parece más interesante es cortar la hierba con una segadora, pero esto solo es practicable si es un suelo sin piedras, caso poco común en truficultura. Con frecuencia se plantea la duda de pasar el cultivador en las calles o segar la hierba. En los siguientes casos creemos que puede ser muy interesante segar la hierba, dejando que se vaya descomponiendo sobre el suelo:

-         Si tenemos un déficit de materia orgánica en el suelo.

-         Si la relación C/N es baja, el aporte de materia orgánica favorecerá que aumente este cociente.

-         Es común tener suelos con PH por encima de 8,2 que conllevan tasas de carbonatos y caliza activa altos, y que según los últimos trabajos de investigación,  pueden dificultar que se inicie la producción de trufas, al impedir que se formen los primordios en los primeros estadios de su ciclo por falta de discontinuidades en el PH del suelo. En este caso el aporte de la hierba segada favorecerá la incorporación de materia orgánica a los primeros horizontes del suelo, el descenso de PH y la producción de trufas.

-         En los suelos compactados (texturas arcillosas o  muy limosas), pobres de vida edáfica, también será interesante segar la hierba, permitiendo un empradizamiento, lo que favorecerá la vida edáfica y la aireación de los horizontes superficiales.

  ¿Cuándo no será interesante segar la hierba?, por ejemplo cuando tengamos una parcela con una relación C/N alta,  por encima de 15-20 y con una tasa de materia orgánica alta, entonces lo conveniente será trabajar el suelo para airearlo, favoreciendo la evolución de la materia orgánica, para llevar la relación C/N a valores más bajos favorables a la trufa negra.

También se ha observado que en parcelas donde se trabaja el suelo las trufas se producen más profundas, con lo que puede ser interesante trabajar el suelo superficialmente en localizaciones de mayor altitud, para minimizar el riesgo de que las heladas afecten a las trufas. También es cierto que en el presente artículo nos estamos refiriendo a los tres primeros años de vida de la plantación, y que también es una opción razonable dejar de trabajar el suelo a partir de los tres o cuatro años de vida de la plantación, en función del análisis físico-químico de la parcela. En cualquier caso el trabajo del suelo siempre será superficial, máximo 15-20 cm de profundidad con cultivador o grada, y si trabajamos en años posteriores la trufera y lo hacemos sobre los quemados la profundidad aún será menor, máximo 10 cm.

Como vemos una vez más es importante conocer el análisis del suelo para actuar con más criterio en relación a la conveniencia de trabajar el suelo, segar la hierba, etc. Aunque sea común trabajarlo los tres primeros años, deberá ser a partir de esta edad cuando, según los valores que nos marque el análisis en PH, MO, C/N o Textura,  valoremos la opción de seguir trabajando el suelo o de segar la hierba. Todavía debemos  continuar manteniendo la base de las plantas truferas libres de malas hierbas y cada vez iremos ampliando más esta superficie limpia, ya que la raíz ocupara más terreno, puede ser razonable hacerlo hasta los cinco años, o hasta que observemos que la planta empieza a quemar.

Volviendo otra vez al cuidado de las plantas, si hacia finales de septiembre u octubre se da sequía fuerte daremos un último riego. Llegado mitad de octubre puede ser ya el momento adecuado de plantearnos reponer las faltas habidas en la plantación.

En la próxima primavera vigilaremos el entorno inmediato de las plantas para realizar las escardas que precisen. Con respecto al trabajo en las calles y entre filas actuaremos según hayamos decidido teniendo en cuenta todo lo expuesto anteriormente.

En el segundo verano vigilaremos la humedad del suelo, es muy importante tener el entorno inmediato de la planta limpio de malas hierbas y romper la costra que se forma tras las lluvias o el riego. En este momento la planta ya tiene mucha más defensa que el año anterior y solo regaremos en caso sequía fuerte. Otra cosa diferente serán las plantas que hayamos podido reponer, a estas les prestaremos especial atención con el riego.

La tercera primavera seguiremos la pauta establecida los años anteriores respecto al trabajo o no del suelo. Vigilaremos mantener limpio de malas hierbas el entorno de las plantas, deberemos aumentar la superficie trabajada alrededor de la planta, pues la raíz irá ampliando el terreno invadido, romperemos la costra del suelo junto a las plantas, cuando se forme. El riego durante el tercer verano, si se realiza debería ser algo excepcional, vigilaremos de cerca con el riego las plantas repuestas el primer año.

Plantación de árboles micorrizados para cultivar trufa negra.

Plantación de 2-3 años convenientemente trabajada.

Resumiendo lo dicho, respecto al cuidado de las plantas, estos tres primeros años:

-         Riego: Vigilarlo especialmente el primer verano, es  un momento crítico en la supervivencia de la planta, pueden ser necesarios hasta tres o cuatro riegos de junio a octubre. El segundo año vigilaremos su posible necesidad, pero lo primordial será mantener limpio de malas hierbas el entorno de la planta y no regar salvo necesidad imperiosa, el tercer año será algo excepcional. Cuidado con la planta repuesta el primer año.

-         Protectores: No debemos tenerlos más de un año y medio.

-         Malas hierbas: El entorno inmediato de las plantas hay que tenerlo limpio, la primavera y principios de verano será la época en que más deberemos vigilar esta circunstancia, realizando las escardas necesarias alrededor de la joven planta. No permitir que se forme costra en la superficie del suelo tras las lluvias o los riegos. Respecto a las hierbas de los pasillos decidiremos trabajar el suelo o segar en función de lo expuesto anteriormente.

Con todo lo comentado en el presente escrito pretendemos dar una pauta clara de lo que conviene hacer en relación a la plantación y a los primeros años de vida de la misma. El actuar acertadamente con los trabajos y apoyos en esta fase inicial influye muy favorablemente en las siguientes etapas de la vida de la plantación, adelantando la recogida de trufas en el tiempo e incrementando las trufas producidas.

LA TRUFICULTURA

Por truficultura entendemos el cultivo de trufas mediante la plantación de especies forestales (encinas, robles, etc) micorrizadas por el hongo de la trufa, por lo común con trufa negra (Tuber melanosporum). Su cultivo se realiza en zonas propicias para su desarrollo. Actualmente se realizan plantaciones en aquellas comarcas donde ya hay trufa natural en sus montes y también en otras zonas que presentan  condiciones de suelos y clima favorables para el desarrollo del hongo.

La truficultura se apoya en tres pilares:

            - Suelo y clima propicio

            - Planta bien adaptada al medio y bien micorrizada por la trufa

            - Prestar los apoyos necesarios al cultivo.

De modo general una plantación requiere de un estudio previo del terreno -suelos calcáreos de textura favorable- en climas mediterráneos-continentales, con 400-800 mm de precipitación anual, parte de ella en periodo estival. Realizar la plantación requiere una preparación previa de la parcela, cerciorarnos en adquirir una buena planta, no solo de aspecto sino de calidad de micorrización.

 Analisis de tierra  
En todo proyecto de plantación trufera la valoración de las características físico-químicas del suelo para la producción de trufas es el punto de partida. La calidad de la planta es uno de los tres pilares para el éxito de la plantación.
 planta de encina con trufa negra y su protector  
El protector favorece el arraigo de la planta, como máximo no conviene tenerlo más allá de los dos años. Diseño de plantación de alta densidad (600-800 plantas hectárea) con la finalidad de provocar una producción precoz.

En cuanto a cultivos anteriores los más interesantes para truficultura son aquellas tierras que se dedicaron a cereal, cultivos herbáceos en general, viñedo, olivar, frutales almendros, y también terrenos que se dejaron de cultivar pero que no han sido invadidos por especies forestales (pinos, encinas, robles, etc). En los terrenos forestales recién levantados se debe respetar un periodo de unos dos años con algún cultivo intermedio, por ejemplo cereal, antes de realizar la plantación, con la finalidad de limpiar en lo posible el suelo de hongos que podrían competir con la trufa. Una masa boscosa rodeando la finca tampoco es deseable, conviene minimizar al máximo el efecto “influencia” de las raices de los árboles adultos del margen sobre la parcela a plantar.

monte

Las parcelas que se encuentran rodeadas por bosque (pinos, encinas, etc.)  No son las mejores candidatas para la truficultura.

Una vez realizada la plantación los dos o tres primeros años nos cuidaremos de sacar la planta adelante con escardas, algún riego en verano y el trabajo de las calles entre hileras con cultivador durante la primavera y el inicio del verano.

plantacion de trufas con un año

Primer año de plantación con protectores de red. Se observa como las calles entre filas tienen mayor anchura que la distancia entre plantas dentro de la fila. El perro todavía tendrá que esperar unos años para rascar en este suelo con sus patas.

El trabajo de las calles suele finalizar hacia el cuarto-sexto año cuando empiezan a aparecer los quemados. La poda puede iniciarse hacia el tercer año. Si el riego en producción no va a ser posible puede ser interesante  no podar salvo pequeñas intervenciones en árboles muy determinados.

plantacion de trufas 2

Plantación de 4-5 años de edad, a esta edad de la plantación el trabajo del suelo con cultivador o grada es lo común.

La producción puede iniciarse entre el sexto y decimo año. El riego y su correcto manejo devienen fundamentales para una producción regular y conseguir una buena rentabilidad de la plantación. El trabajo de las calles es opcional aunque se tiende a no trabajarlas. La apertura de pozos en el quemado enterrando una mezcla de materia orgánica con esporas o no, con o sin diferentes componentes que la puedan mejorar, parece fundamental a día de hoy para aumentar de forma importante la producción de trufas.

 pozos en plantacion de trufas
La apertura de pozos en el quemado y su llenado parcial con sustrato convenientemente preparado para tal fin mejora la producción de trufas a partir del segundo año tras abrir los pozos. Plantación adulta donde se ven claramente los quemados alrededor del árbol (zona desprovista de vegetación herbácea) En esta fase de la plantación es frecuente que el suelo no se trabaje.

El periodo productivo de la plantación se desconoce, pero mantener la producción durante 25 años parece muy razonable ( 35 desde que se inicia la plantación), incluso más años con intervenciones de aclareos, podas, etc.

La truficultura en España tiene un corto recorrido todavía, con toda seguridad se iran conociendo nuevos apoyos y técnicas para mejorar los rendimientos. Hoy día puede hablarse de producciones medias de 20-30 Kg/Ha en plantaciones adultas.

 plantacion de trufas  plantacion
Vista panorámica de una plantación adulta en producción con árboles bastante podados. Campos de avellano con suelos y clima favorable para la trufa, plantados inicialmente para recoger avellana.
 perro buscando trufa  trufa negra grande
La esperada recompensa de la producción puede iniciarse hacia los a ocho años de edad de la plantación. El perro trufero es el socio inseparable del truficultor cuando de la recogida de  trufas  se trata.  Espectacular trufa de casi 2 Kg. de peso obtenida en Aragón. (foto Juan Antonio Vilas).

PRIMEROS ECOS DEL CONGRESO MUNDIAL DE TRUFICULTURA DE TERUEL

Jean- Marc Olivier, investigador y experto  del INRA (Francia) en truficultura, realiza una  “fotografia rápida “ del congreso de Teruel en la revista francesa  “Le Trufficulteur” . Me ha  parecido   interesante colgar en el blog la impresión de este especialista francés. (Mariano Casas)

La ciudad de Teruel en Aragón acogió a principios de marzo el congreso internacional de truficultura. Alrededor de 250 participantes, en su mayoría españoles, pero también con una buena representación extranjera. Señalar que nuestra delegación francesa  quedo bastante modesta en efectivos (16), pero activa en las ponencias presentadas y en la sala. Ambiente científico pero informal favoreciendo a menudo los intercambios más prácticos. La revista tratara posteriormente con detalle sobre el contenido de las exposiciones.

Algunas notas de ambiente. En primer lugar quedamos impresionados  por la visita técnica a la zona de Sarrión. Es sorprendente ver como en medio de viejas truferas naturales la truficultura crece cada vez más en un territorio que abandona anteriores cultivos agricolas. Las panoramica revela parcelas plantadas de todas las edades bien cultivadas, actividad viveristica  y una referencia frecuente a las ayudas europeas que han permitido este desarrollo de la truficultura. En esta zona de altitud (alrededor de 1000 m) pudiendo  ser seca , el riego está cada vez más presente gracias a los sondeos, incluso los aportes de esporas o sustratos son frecuentes. Pero globalmente se percibe una búsqueda de referencias técnicas que como en nuestro caso quedan por desarrollar para regularizar la producción. Es indiscutible que hay un potencial  en vistas de explotación, hasta el punto que la trufa está bien integrada como una de las locomotoras de desarrollo local  junto al celebre jamón de Teruel.

Otro dato general, la fuerte implicación de investigadores y técnicos españoles  sobre las trufas y la truficultura. Unos trabajos de calidad fueron presentados por jóvenes equipos y a menudo dirigidos con perspectivas de aplicación.

Uno de los puntos más discutidos concierne a la “normalización” de los controles para plantas truferas. Varios métodos se están usando en España y los truficultores piden la homogeneización en su país y también en Europa (apelan al GET). Este debate nos acerca a las exposiciones sobre la tipologia  de los “buenos”  árboles truferos y su selección precoz (diámetros, alturas, defectos de arquitectura…)

Otro punto tratado en varias ponencias  o posters concierne al manejo correcto del riego a partir de las “necesidades” de la trufa  o de las medidas de la evapotranspiración. Igualmente  ha habido contribuciones originales sobre las cualidades físico-químicas y biologicas de los suelos. Señalar una síntesis italiana  solida y no subjetiva sobre la formación de los quemados, considerados como un nicho especifico, por ejemplo la desaparición de la hierba favoreciendo la formación de los agregados. Un estudio español realizado sobre 80 truferas (productivas y no productivas) completa las presentaciones francesas mostrando el carácter discriminatorio de parámetros ligados a la estructura localizada del suelo (tierra fina y limo).

Los recientes instrumentos  de la biologia molecular permiten nuevos trabajos en campo, como la estimación de la densidad de micelio en función de las practicas de cultivo ( como los trabajos del suelo, acolchados o los riegos) o en la distribución de los dos “sexos” en la trufera. Las consecuencias de los trabajos sobre la sexualidad  se discuten desde varios  enfoques (como las feromonas) también desde la perspectiva de la diseminación de esporas o de los trabajos en la trufera.

Otros puntos en el conjunto de las exposiciones:

- Nuevos productos para los insectos (entre ellos Liodes) y las enfermedades  en las truferas, algo que faltaba hasta ahora.

- Discusiones sobre el posible papel de las esporas vegetativas (conidios o mitosporas) producidas a partir del micelio y pudiendo jugar un papel en la diseminación o la sexualidad. Ensayos de diferentes tratamientos post cosecha de la trufa (desinfección, ionización o atmosfera modificada) para una mejor conservación. Se puede realizar una revisión con más detalle de los trabajos presentados.

- Una revisión también para el futuro de las innovaciones tecnológicas que sin embargo hay que ver su alcance, por ejemplo, el seguimiento técnico de las truferas a partir de aplicaciones de teléfonos móviles  o un tipo de  ecografia/tomografia para detectar las trufas en formación… que aparecen en una pantalla!

En fin, es necesario señalar la primera recogida de T.melanosporum en una plantación en Suecia ( a reseñar otras comunicaciones mostrando  la diversidad y la valorización de trufas en paises no “tradicionales” (Suiza, Reino Unido, Chile, Tunez…).

Sinceras felicitaciones para los organizadores ya sean truficultores, investigadores, técnicos o instituciones.

congreso mundial de truficultura en teruel

CRITERIOS PARA EL MANEJO DE LAS PLANTACIONES DE TRUFA

Durante un fin de semana de octubre la truficultura francesa se dio cita en Pont du Gard y Montpellier donde  investigadores, técnicos y truficultores compartieron dos jornadas  en las que se  expusieron los resultados de diferentes trabajos de investigación  que desde el programa SYSTRUF se llevan a cabo por equipos de trabajo.

Jean-Marc Olivier coordinador de los equipos de investigación / experimentación realiza una serie de reflexiones sobre el estado actual del conocimiento aportado por estos trabajos y su implicación en el manejo de las plantaciones.

El conocimiento en la sexualidad de Tuber melanosporum ha evolucionado de forma considerable planteando nuevos interrogantes  y también diferentes maneras de manejar las plantaciones. Los factores que inciden en la fructificación son aun desconocidos como el “timing” de la fecundación. ¿ Se trata de factores relacionados con el clima, la fisiología del árbol u otros diferentes?. La distribución  de los sexos en la trufera es también un punto  clave para el éxito  que  está relacionada directamente con el tipo de decisiones tomadas al respecto ( plantas, trabajos, aporte de esporas…); ¿qué es bueno y donde esta el limite técnico o científico que lo justifica? Estos interrogantes son ahora más fáciles de responder debido a los trabajos realizados.

Otra sorpresa viene de la gran diversidad genética  de Tuber melanosporum incluso en el seno de una misma trufa. A priori es bueno por la capacidad de la especie para adaptarse a los cambios del medio, sobre todo climáticos; pero es también una labor más ardua para un trabajo de selección como algunos apuntan. Esta selección se puede justificar para las plantas truferas muy heterogéneas, ¿pero es también bueno para el hongo?, ¿se debe conservar un máximo de diversidad genética o ir hacia una selección de líneas locales, derivando peligrosamente hacia una forma (aun relativa) de una truficultura intensiva? ¿Existe una diversidad “regional” que se debe respetar? No olvidemos que el empobrecimiento genético afecta severamente a numerosas especies domesticas en el ámbito agrícola. Sabemos también que la trufa puede estar asociada a las plantas de la trufera. Se trata de una relación no micorricica  y no se conoce con exactitud como se produce, pero da respuesta a la disyuntiva de “suelo sin hierbas” frente a “trufera con hierbas”. En el primer caso se elimina todo (y funciona en ciertos casos) o se respeta esta flora (espontánea o sembrada)  y también funciona. Lo que quiere decir que existen unos límites al trabajo intensivo y que el conocimiento en el funcionamiento ecológico de la trufera es muy importante para definir los caminos a seguir (adaptados a un sistema  específico, diferente al “modelo de arboricultura frutera”). Estas plantas acompañantes conviene que sean respetadas y gestionadas; una vez más se pueden proponer ensayos “de campo” incluso  si Systruf  muestra que todavía es difícil identificar  todos los indicadores ecológicos implicados.

Systruf ha respondido a una pregunta fundamental respecto a la nutrición de los ascocarpos; su conexión con la planta asegura su nutrición en carbono y en ello  interviene también  la evolución de la materia orgánica que asegura la nutrición nitrogenada. Todo esto genera interrogantes sobre la poda del árbol, límites, métodos, etc. Hay aquí progresos que se deben establecer con rapidez. Queda la cuestión practica  sobre los aportes nutritivos  en las truferas. Tuber melanosporum depende del árbol al que se asocia, como ocurre con otras especies micorricicas, aportes inadecuados pueden llevar  a desequilibrios definitivos. Me parece que la gestión de la materia orgánica debe ser el centro de nuestros ensayos, lo que apoya los resultados de otro proyecto de investigación  (Truf-Pyr).

Lo anterior  se une a otra palabra clave avanzada en los trabajos de Systruf, la trufa es un hongo “pionero” o más exactamente asociado a un ecosistema en evolución o a “conquistar”, por lo tanto no estabilizado y no muy duradero en el tiempo. En estas condiciones comparte espacio con micelios, micorrizas, raíces, etc de competidores y otros acompañantes… y debe llegar a la fructificación que es la justificación económica final. Decir que el sistema es pionero no es solo una bonita palabra de ecólogo, es un mecanismo clave en el funcionamiento del ecosistema, ello debe ser  una prioridad para apoyar de la manera más conveniente a la trufera, diferente a lo que conviene a producciones agrícolas más “normalizadas”. Esta consideración se une a numerosas  observaciones realizadas que muestran que provocar o introducir alteraciones en una  trufera (trabajos, animales, cortes, recepages,…) puede dar lugar a un inicio de virulencia (formación de quemado, ampliación de éste, provocar una producción inicial,  recuperar una producción que se perdió, mejorar la existente, etc.). En la plantación , será necesario procurar crear y mantener las condiciones para este sistema pionero o volverlo a crear en el caso de la recuperación de truferas espontáneas; es en ambos casos  un desafio para un agricultor , puede serlo un poco menos para un forestal, pero para  todos habrá  una referencia de cómo conviene hacer las cosas.

Para concluir  lo que me tranquiliza  es la coherencia o convergencia  entre los resultados científicos obtenidos por diferentes equipos, también que las observaciones de campo que facilitan información  puedan coincidir con los datos científicos. Existe la posibilidad de un verdadero dialogo entre ciencia y practica. El desafío ahora es juntar todo esto en un nuevo programa  experimental  uniendo los métodos o herramientas de los investigadores junto a ensayos demostrativos, todo ello, con destino a los truficultores.

Al hilo de las reflexiones que hace Jean –Marc Olivier en los párrafos anteriores quiero comentar algo en relación a la plantación que se muestra en la  fotografía.  Casualidad o no (creo que no lo es) los apoyos que se hacen, fundamentalmente en lo que concierne al trabajo del suelo y la gestión de la vegetación  espontánea, coinciden con  los consejos que se derivan de algunos de los trabajos publicados por los equipos franceses, pero con la particularidad que la citada plantación  es manejada así desde hace ya bastantes años ( por supuesto, con  buenos resultados productivos). Esta forma de conducir la plantación es fruto  del conocimiento, el saber hacer y   una sabiduría adquirida (no exenta de intuición)  de una persona que conoce  la trufa en el monte desde pequeño y que con la observación  y la paciencia se ha acercado, creo que como pocos, a la comprensión del mundo de la trufera ( su frágil equilibrio,  su interacción con la vegetación espontánea, la gestión de una materia orgánica evolucionada y de calidad en el quemado, el manejo del riego, del inoculo esporal,  etc). Con Paco, que así se llama, he tenido la suerte de conversar muchos ratos y espero continuar haciéndolo,  de ese mundo no exento de misterio pero apasionante de la trufa. Algo que agradezco enormemente.  

Mariano Casas Gimeno.

SOBRE LA REPRODUCCION DE LA TRUFA NEGRA

La reproducción de la trufa negra se viene explicando como resultado de un largo ciclo que puede durar hasta un año cuando partimos del árbol adulto micorrizado.
Se describe su inicio con el nacimiento de micelio desde las micorrizas en marzo, abril, mayo. Paralelamente también puede producirse la germinación de esporas emitiendo nuevo micelio. Continua con la formación de los pequeñísimos primordios (futuras trufas) durante abril, mayo, junio, sigue con el engorde de estos primordios-trufas en el verano y los primeros meses del otoño y la maduración de las trufas durante parte del otoño y el invierno para finalizar con la recogida de éstas , ayudados con un perro, de diciembre a marzo.

El micelio crecido desde las esporas se denomina micelio primario, frente al micelio secundario que es el que se forma a partir de una micorriza. El micelio primario nacido de la germinación de la espora formaria una micorriza en contacto con una raicilla receptora y el micelio secundario que parte de la micorriza daría ya lugar a las trufas o también podría formar nuevas micorrizas al encontrar una raíz nueva.

Durante los meses de marzo y abril puede haber todavía trufas en el suelo por recoger de las formadas en el ciclo anterior e iniciarse paralelamente desde las micorrizas del árbol y con la germinación de esporas la formación de nuevo micelio reinicia un nuevo ciclo.

Este modelo tan prolongado en el tiempo contrasta en general con la rapidez que en la mayor parte de los hongos se completa su reproducción sexual, que no dura más de unas pocas semanas. No es de extrañar pues que esta “excentricidad” en la reproducción de la trufa sea puesta en duda por algunos expertos.

No se conoce con exactitud el papel que pueden jugar en este largo ciclo descrito algunas estructuras miceliares de resistencia como estromas, esclerocios, rizomorfos,etc. Parece probable que los estromas podrían en un momento determinado contribuir a la colonización micorrizica de las raices de una planta o incluso a la formación de primordios sin pasar por la fase intermedia de formación de micorrizas.

Últimamente se han publicado trabajos sobre el genoma y la sexualidad de la trufa negra en revistas de naturaleza científica. Jean Demerson analiza en un artículo aparecido en uno de los últimos números de la revista “Le Trufficulteur” algunas de estas investigaciones recientes sobre el tema.

En marzo de 2010 se publico en una revista científica de ámbito internacional la constitución del genoma de la trufa negra (Tuber melanosporum). Este trabajo fue el resultado de la colaboración de científicos italianos y franceses de varias universidades y duro varios años.

Una de las primeras enseñanzas tras la descripción del genoma de la trufa ha sido conocer que el hongo Tuber melanosporum es heterotalico. ¿Qué quiere decir esto?, los hongos en su reproducción pueden tener la condición de homotalicos o heterotalicos. Un hongo homotalico alberga en el mismo micelio ambos sexos, aunque no es correcto hablar de sexos en los hongos pues no existen como tal (no hay diferencia morfológica a nivel de los cromosomas y alelos como sucede en las celulas sexuales de animales y plantas, XX femenino y XY masculino), aparte que los hongos pasan gran parte de su vida en estado haploide (un solo juego de cromosomas en sus genes) a diferencia de animales y plantas que presentan durante toda su vida doble juego de cromosomas (y se habla de estado diploide). Para hablar con exactitud se utiliza el termino polaridad, por lo tanto hay una polaridad de signo + y otra polaridad de signo -, micelios que son portadores del signo (+) y micelios portadores del signo (-). En el caso de hongos que conocemos y consumimos como el champiñón, la seta ostra, etc son especies homotalicas por lo que su reproducción resulta más fácil pues un solo talo (micelio) inicia y finaliza el ciclo sexual, por ejemplo, un micelio fruto de la germinación de una espora. En el caso de la trufa se precisa de la unión de dos micelios de polaridad diferente para completar el ciclo sexual. Esto de entrada añade un nivel superior de dificultad a la trufa para reproducirse, fácilmente comprensible si pensamos comparativamente en el precio de la trufa y las otras setas, pues es indicativo de la abundancia y escasez de unas y otras.

Conocida esta condición heterotalica de la trufa investigadores italianos de la Universidad de Peruggia han realizado una serie de trabajos en truferas naturales de Tuber melanosporum. Han recogido sobre los terrenos objeto del estudio micorrizas, trufas y muestras de suelo que contenían fragmentos de micelio de trufa y han determinado el tipo sexual y el genotipo de este material. Completaron su trabajo con el examen de muestras de plantas de vivero de distinta edad.

Han observado lo siguiente: sobre las muestras de suelo examinadas un 34 % solamente contenían presencia de inoculo de signo (+ ), otro 34% aproximadamente solo contenían presencia de inoculo de signo (-), un 20% presentaban presencia simultanea de + y – y un 10% carecía de trazas de micelio. Sería logico pensar que ambos signos estuviesen equilibrados en el suelo , pero esto no es así, es más, con el tiempo han observado que la desigualdad se acentúa y que uno de los dos “partenair” tiende a desaparecer. También ven un hecho sorprendente: el micelio puede alcanzar distancias aparentemente grandes, hasta cien metros fuera del quemado que produce las trufas.

En el caso de la recogida de micorrizas de trufa sobre un mismo lugar de muestreo se observa que bien son de signo + o bien de signo -, es decir el signo solo varia cuando se cambia de lugar para realizar un nuevo muestreo. Ninguna micorriza contiene a la vez genes (+) y genes (-), y el signo sexual coincide con el observado en las muestras de suelo.

En el caso de la recogida de trufas sobre los lugares muestreados observan que en el punto de recogida de las trufas no se encuentran micorrizas.
En las trufas el examen se realiza sobre la gleba y sobre las esporas. La gleba de cada trufa puede estar formada por micelio de signo (+) o de signo (-) pero solo por un signo, y muestra siempre el mismo signo(genotipo) que las micorrizas del árbol huésped. Esta aportación es considerada línea materna. Las esporas como era de esperar (fruto de una meiosis) presentan ambos signos (+) y (-) y llevan alelos que no se encuentran en la gleba y tienen un origen exterior que se considera aportación masculina.

Para completar el estudio de campo como se ha indicado anteriormente también examinaron plantas jóvenes de vivero micorrizadas, provenientes de dos lotes diferentes. Estos lotes se han inoculado cuidadosamente utilizando dos trufas, una para cada lote, una de ellas con una gleba de condición sexual (+) y la otra con una gleba de condición sexual (-).

Pasados seis meses tras la inoculación se han estudiado las plantas y observado ectomicorrizas de ambos tipos sexuales en proporción variable pero equivalente, lo que evidencia que las micorrizas son formadas por el micelio nacido de las esporas de ambos signos tras germinar. Trece meses más tarde la proporción de tipo (+) y de tipo (-) es muy diferente. En unas plantas solo se ha encontrado tipo (+), en otras solo tipo (-), y aquellas en las que se han encontrado los dos tipos sexuales son escasas. También examinan sustrato de las plantas y observan la misma circunstancia, siendo concordante el signo o signos sexuales observados en micorrizas y sustrato de la misma planta.

Los hallazgos descritos no dejan de sorprender pues chocan de alguna manera con alguna certeza que se creía tener (?) sobre algunos aspectos del ciclo sexual de la trufa negra. Por ejemplo, que el micelio de trufa pueda alcanzar una distancia tan larga desde el árbol que tiene las micorrizas. Otra circunstancia aparentemente contradictoria es que dos talos de signos diferentes pero complementarios y que se necesitan para completar la reproducción de la trufa se eliminen el uno al otro (?) o se autodestruya uno de ellos (?). Se sabe desde hace tiempo que algunos talos de hongos, a través de encimas que excretan, descomponen y consumen diferentes tipos de materia orgánica, micelios de otros hongos, incluso su propio micelio cuando alcanza la senescencia. ¿Pero que determina la pervivencia de uno de los talos y la desaparición de su complementario de signo opuesto?, con seguridad se desconoce la razón por lo que esto sucede, pero como apunta Jean Demerson podría tratarse de un caso de canibalismo entre micelios truferos imponiéndose aquel que ha alcanzado una mayor fortaleza o desarrollo, pero cabrían diferentes posibilidades, como aquella, también plausible, de que el propio ecosistema que siempre tiende al equilibrio y a la biodiversidad induzca mecanismos para evitar el desarrollo exacerbado de la población de una especie en detrimento del conjunto, pensemos que el hábitat natural de la trufa es el bosque y más concretamente un horizonte edafico donde concurre una alta diversidad de vida.

A la luz de estos trabajos parece entendible lo que sucede en no pocos quemados producidos por el hongo de la trufa pero que no son productivos. Se explicaría por la existencia de un micelio de signo único que al no tener el complementario no aparecen las trufas.

También bajo estos hallazgos surgen dudas en relación a la poca o mucha influencia que pueden tener en la producción de las plantaciones ciertas actuaciones culturales ( poda, trabajo del suelo, etc) que en ocasiones provocan controversia entre truficultores. Jean Demerson se pregunta de nuevo si la caída de producción y la desaparición de muchas truferas en Francia en el transcurso del siglo veinte se deberían al desarrollo de un exceso de vegetación que acaba con las buenas condiciones para que la trufa prospere o se trataría de la desaparición de uno de los “partenaire”.

El hecho de que en las inmediaciones donde aparecen las trufas no existan micorrizas y que no haya una correlación positiva como ya se venía observando entre cantidad de micorrizas y producción de trufas, plantea una serie de cuestiones: ¿Participan las micorrizas en la nutrición de la trufa de modo que éstas se vacían (literalmente), hasta desaparecer, durante el crecimiento de los carpoforos?. Si así fuese, la teoria de la independencia de los primordios de las raices cercanas del árbol desde fases muy tempranas tras su formación quedaría invalidada. ¿O micorrizas y trufas son independientes?. Es decir, la trufa no se formaría de dos micelios de signo complementario que parten de dos micorrizas diferentes que completan el ciclo, si así fuese, las micorrizas podrían cumplir una función de órganos de resistencia durante cierta fase o fases del ciclo. L. Hutchison, micólogo Canadiense señala que los hongos que viven en simbiosis como las trufas no forman conidios (esporas asexuales de resistencia) pues no tendrían tal necesidad si las micorrizas cumplen dicho papel. ¿Cabria la posibilidad que dos micelios de polaridad opuesta que se unen dando lugar a las trufas en un proceso meiotico tuviesen un origen simultaneo de micorrizas, esporas, estromas, etc.?

Ante tanta duda, lo que si parece claro es que las micorrizas existentes en la raíz de la plantita que ponemos en el terreno son capaces de alterar la ecologia del suelo en el ambito de la raíz para posibilitar posteriormente la reproducción del hongo bien con su intervención o sin ella. En los quemados, las zonas del suelo donde aparecen las trufas por la acción de las micorrizas, se cambia su estructura, su microbiologia y su equilibrio de vida, hasta tal punto, que lentamente las plantas arbustivas y herbaceas que lo pueblan van desapareciendo para que finalmente aparezcan las trufas. Es incuestionable que una planta bien micorrizada (abundancia de micorrizas de trufa negra y ausencia de contaminantes competitivos con la trufa negra) unido a los apoyos culturales más indicados posilitara de manera optima la creación de ese horizonte edafico modificado (aparición del quemado) como paso previo necesario para que aparezcan trufas.

En la exposición que Demerson hace en la revista “Le trufficulteur” se apunta un futuro nuevo para la truficultura: intercalar plantas de polaridad sexual opuesta (+) y (-) micorrizadas con micelios puros de un solo signo crecidos en laboratorio. Pero tal planteamiento, aparte de la dificultad técnica para conseguir esas plantas y el precio que puedan tener, presenta a priori riesgos importantes dada la escasa variabilidad genética de esos micelios frente a un medio edafico competitivo y cambiante y un periodo de cultivo tan prolongado como es una explotación trufera (30-50 años) que de entrada ya hay que esperar entre cinco y diez años para que inicie la producción.

Parece más razonable partir de una planta bien micorrizada, buscando la máxima variabilidad genética en el inoculo utilizado, e iniciar la aportación de esporas al suelo en un plazo razonable de 4-8 años cuando empecemos a observar la existencia de los quemados. En las plantaciones en periodo productivo debería ser una prioridad utilizar cada año entre un 5 y un 15% de la trufa recogida para reinocular el terreno pues es el único modo de garantizar de manera permanente en el suelo la presencia de micelios de ambas polaridades.

quemados en plantacionAlgunos quemados que no producen trufa podría explicarse tal circunstancia por la presencia de micorrizas de trufa de un solo signo: bien de polaridad (+) o polaridad (-).

sustratos en plantacion de trufasLa adición de esporas de trufa en los sustratos que se emplean para los pozos que se hacen en los quemados favorece sin duda la formación de trufas en estos puntos

Mariano Casas
www.cultivosfotrestales.com

En relación a los trabajos mencionados por si tuvieseis especial interés en profundizar en este tema:
>> La secuencia completa de la trufa está disponible en las siguientes páginas:

Genoscope 
INRA 

Fuente: “Périgord black truffle genome uncovers evolutionary origins and mechanisms of symbiosis“, NATURE, 28-03-2010, 

Tuber melanosporum: mating type distribution in a natural plantation and dynamics of strains of different mating types on the roots of nursery-inoculated host plants
1. Andrea Rubini1,
2. Beatrice Belfiori1,
3. Claudia Riccioni1,
4. Sergio Arcioni1,
5. Francis Martin2,
6. Francesco Paolocci1
Article first published online: 22 OCT 2010
DOI: 10.1111/j.1469-8137.2010.03493.x
© The Authors (2010). Journal compilation © New Phytologist Trust (2010)

«La progresión de la plantación ha sido buena»

Alberto Burroni y Paco Mateu (Benafigos-Atzeneta, Castellón)
Plantación: Benafigos-Atzeneta (Castellón) 
Altitud: 550-600m

Año plantación: 1995
“La plantacion ya tiene 20 años aproximadamente. Inició su produción con 7 años. La progresión ha sido buena. Desde hace 8 años regamos. Mantenemos una productividad alta y estable desde hace tiempo. Toda la planta es de Cultivos Forestales.”

El Proyecto

Nuestra relación con Alberto empezó hace algo más de veinte años, cuando nos conoció en una charla que dimos en Sarrión. Alberto había adquirido una masia entre Adzaneta y Benafigos y quería plantarla de trufas. Ya en aquel momento valoro la calidad de dos orígenes de planta y plantó la finca a lo largo de dos años con encinas micorrizadas con trufa negra adquiridas en su totalidad a Cultivos Forestales.

Se trata de una plantación de unas 3,5 ha y 20 años de antigüedad, situada en un ambiente mediterráneo a una altitud de 550 m. en las estribaciones más bajas del macizo de Peñagolosa conformando bancales en terraza en el fondo de un pequeño valle. El manejo se puede considerar ejemplar dado que la persona que está a cargo de ella —Paco— es un apasionado del mundo de la trufa y ha sido buscador desde muy joven en los montes de la comarca.

Paco fue un pionero en trabajar permanentemente la zona de influencia de la raíz del árbol, es decir, aquella parte de terreno donde aparecen las trufas y mantener un pasillo verde en el centro de la calle sin trabajarlo, haciendo frontera con la parte trabajada. Cada año hacia finales de marzo o en abril efectúa un laboreo en la zona productora, mejorando la esponjosidad del suelo, favoreciendo una mejor oxigenación y conservación de la humedad, también rompiendo raíces lo que fomenta permanentemente una renovación del sistema radicular del árbol.

Durante estos años y más especialmente los diez últimos ha habido una estrecha relación con Paco con el que hemos intercambiado opiniones y puntos de vista sobre el mundo de la trufa en general y el manejo de las plantaciones en particular, naturalmente siempre con talante abierto y edificante por parte de ambos.

Estos últimos años ha decidido profundizar más en ese trabajo del suelo. Por otra parte el sustrato que prepara para los nidos no es nada convencional. Utiliza una mezcla muy elaborada a partir solo de restos vegetales, tierra, etc. lo que mejora la calidad de las trufas recogidas respecto a los sustratos de turbas. También aporta esporas al suelo cada inicio de primavera.

La finca dispone de un sondeo que alimenta una balsa desde la que se riega.

Se practica el riego con aspersores altos en momentos de necesidad, fundamentalmente en verano, recordemos que está a 550 m. y el verano es caluroso aunque es una zona con un régimen favorable de tormentas. Algunos años para paliar el calor del verano ya con las trufas formadas en el terreno se ha colocado una tela de sombreo elevada un metro sobre el suelo en la parte productiva que el sol castiga más.

Hasta el año pasado el sustrato en los nidos se ponía haciendo hoyos manualmente, durante el último año se ha diseñado un apero para aportarlo de manera más rápida.

Siempre se ha cuidado que la maquinaria utilizada para estas labores (tractores, aperos, etc.) no sea pesada con el fin de evitar apretar en exceso el suelo, tal es su nivel de exigencia en este sentido que han adquirido un viejo tractor de cadenas para que el peso de la máquina se reparta en una mayor superficie.

Se realiza una poda de mantenimiento importante cada año, abriendo los árboles de un modo similar a como se hace con el almendro, descargando la planta del centro y manteniendo el tronco limpio hasta una cierta altura. La poda aérea también se considera importante en ese permanente rejuvenecimiento de la planta huésped y en la situación concreta de esta plantación (clima suave y riego) es todavía más importante si cabe, dado que los árboles crecen mucho y se necesita mantenerlos en el tamaño conveniente para procurar un ambiente abierto en la plantación.

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